JUEGO DE DETECTIVES




Era un lluvioso día de invierno como cualquier otro de enero. Las calles londinenses estaban a merced de las sombras y del frío, sin contar a un par de vagabundos y algún que otro que se había pasado de copas aquella noche.

Las pisadas repiqueteaban sigilosamente sobre el asfalto pertenecientes a un joven de gabardina y sombrero, de cuyo cuello colgaba una buena cámara de fotos. 
Aquel extraño joven se movía como un fantasma por las calles, nadie le veía llegar y mucho menos irse.

Acababa de llegar de España becado para estudiar en una de las universidad más antiguas del Reino Unido, la Universidad de Oxford, día y noche trabajaba arduamente para sacar las mejores notas.
Provenía de una familia de clase media, su nombre era Joan Martínez, 19 años, arrogante y altivo como ningún otro. Mientras que de lunes a viernes se dedicaba a estudiar, los fines de semanas se dedicaba a viajar a Londres para conseguir algún trabajillo bien pagado como investigador. Básicamente lo único que tenía que hacer era perseguir a maridos o mujeres infieles o algo por el estilo, para que algún adinerado o adinerada le pagase bien al darle unas fotografías del caso encargado, y como era joven, pasaba desapercibido y además era de confianza (es justo lo que necesitaban).

Joan esperaba en una oscura esquina alejado de las luces de las farolas. El encargo que tenía era vigilar a una mujer. El hombre que le había pedido dicho caso se identificó como su marido, no le especificó nada en concreto, solo que la siguiese por un par de días y le contara cualquier movimiento que hiciese.
La mujer se encontraba en las puertas de una cafetería, la cual extrañamente se encontraba abierta a las tres de la mañana mientras que el cartel que colgaba en la entrada indicaba que cerraban a las once. Lamentablemente para Joan, este trabajo no comprendía de horarios, y si quería la buena suma de dinero que le habían ofrecido, tenía que aguantarse.

No perdió ni un segundo y comenzó a fotografiar con una cámara especial de visión nocturna lo que estaba sucediendo.
El ruido de un motor se acercaba, y poco después llegó un todoterreno negro que parecía blindado. De él salió un hombre corpulento vestido de negro, aproximadamente de metro ochenta, rubio y con pinta de ruso. Sí, Joan confirmó que era ruso cuando este comenzó a hablar a la mujer en el idioma, en ese mismo momento lo único que podía hacer era seguir con lo que estaba haciendo ya que de ruso no tenía ni idea.
Pocos minutos después el ruso sacó del maletero un maletín metálico, el cual entregó a la mujer; ésta, no sin antes revisar su contenido, le intercambió una bolsa de tela.

En ese mismo instante, la mujer, el ruso y Joan no tenían ni idea de que Scotland Yard les tenían rodeados hasta que hombres armados salieron lentamente de sus escondites y les apuntaban.

19/01/ 2012.  Aquella fecha nunca será olvidada por el joven, el día en el que pensaron que estaba involucrado en la mafia rusa y pasó varias horas en un mugriento calabozo. Como era de esperar, fue liberado a las seis de la tarde, absuelto de todas las acusaciones tras haberlo investigado. Fue recompensado con 15.000 libras gracias a todas las fotografías tomadas más el dinero del encargo principal, aunque hoy en día sigue pensando que no fue suficiente a comparación de la terrible situación en la que se encontró, pero era de esperar viniendo del arrogante y altivo Joan Martínez.

Desde luego, fue un día para recordar.





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